¡Emprende, no te quejes!

¡Emprende, no te quejes!

Hace algunos días he venido pensando mucho en el tema de la disposición que tiene nuestra región hacia el emprendimiento, una disposición muy marcada por el deseo de jóvenes que quieren ser independientes y que no quieren vivir sus vidas a la sombra de un empleo, una generación que quiere tener el control de su vida, una que las cifras sitúan en un 78%. Esto suena genial, ¿cierto? Sin embargo, me he estado preguntando, ¿qué tanta voluntad hay de emprender y qué tanta pereza hay hacia el trabajo detrás de esa disposición a emprender?

Este artículo tiene como fin crear conciencia hacia la resiliencia que todo emprendedor debe tener y no tanto hacia cuestionar la actitud facilista que desafortunadamente se ve en nuestra sociedad. Emprender no significa levantarse a la hora que queremos, eso se convierte en una opción cuando se tiene la libertad para hacerlo y eso implica tener el tema económico resuelto, de hecho, emprender puede traer consigo más trabajo que un empleo. Somos muy dados a quejarnos, si hace calor porque hace calor, si hace frío porque hace frío, del presidente de turno, de la situación económica porque está muy mala (desde que soy niño, y tengo 36 años, he escuchado que está mala), etc., etc.

Ahora, la realidad es que la situación económica si está mala o cómo explicamos el hecho que cerca del 67% de la población, por ejemplo, de Colombia gana un salario mínimo o menos. Pero, el punto no es si está mala o no la situación económica, el punto es: qué estamos haciendo para cambiarla además de publicar en Facebook e Instagram post de libertad financiera cuando no la tenemos o cuando no la estamos construyendo. Somos incoherentes en muchas ocasiones y tendemos a reemplazar las acciones que debemos ejecutar por la “quejitis”, una de las enfermedades de esta época.

¿Por qué emprender puede ser tan difícil?

En días anteriores, publicamos un artículo sobre la capacidad que debe tener un emprendedor, y en general cualquier persona, de aprender de sus errores y de hasta verlos como una bendición, suena difícil para lo que estamos acostumbrados. Después de todo, no estamos educados para aprender a perder, porque quien pierde es un perdedor, alguien que pierde estatus, alguien que, ante los ojos de la mayoría, carece de cualidades imitables.

El asunto es que como no sabemos perder recurrimos a una de dos opciones, puede haber otras, pero estas serían las más comunes: quejarnos y culpar a otras personas o a las circunstancias, o dejar de intentar tras un fracaso o una derrota. ¿Ustedes se imaginan a alguien que hubiese sido de Apple si Steve Jobs hubiese tenido una mentalidad de quejarse cuando buscaba inversionistas para poder sacar la Apple II? Qué tal esto: llamada número 5, quinta llamada en la que le dicen que no van a invertir en su empresa, y Steve Jobs, en lugar de hacer la sexta llamada, comienza a quejarse de lo tacaña que son las personas que tienen dinero. El final de la película hubiese sido muy diferente, Steve Jobs hubiese desistido de su sueño y hubiera terminado haciendo cualquier otra cosa.

¿Cuántos de nosotros hubiese resistido 499 NO antes de conseguir el primer SÍ? Y es que el quejarse tiene mucho que ver con el rendirse. ¿Esto implica que no podamos quejarnos nunca? No, somo seres humanos y tenemos todo el derecho a equivocarnos y eso incluye quejarnos, pero, por lo que más quieras y anhelas en tu vida, si te llegas a quejar, respóndete a ti mismo: no te quejes y sigue trabajando, sigue luchando. Emprender se vuelve difícil porque debemos batallar cada día con nuestros miedos, inseguridades, dudas, paradigmas y con todos los pensamientos negativos y de escasez que hemos acumulado durante nuestras vidas.


Photo by Sam Xu on Unsplash


Entonces, ¿qué debemos hacer?

Yo escribo esto porque adivinen, también me quejo, también tengo conflictos, dudas y miedos, muchos paradigmas y que aún no confío lo suficiente en mí. Pero, miro hacia atrás y encuentro que antes era peor y que hoy, a diferencia de hace unos años, creo firmemente en que soy capaz de lograr lo que se me venga en gana, lo que me proponga. De ahí parte todo, si no tienes confianza en que eres extraordinario, nunca lo serás.

Pero detrás de esto hay un proceso, algo que muy poco miramos ya que somos, reitero, una sociedad que se fija más en el resultado que en el proceso. El proceso implica desarrollar las habilidades necesarias, pero más que nada, desarrollar hábitos de éxito. Uno de los más importantes es la lectura, no hay nada más poderoso que leer y nada más aburrido para la gran mayoría de la población latina. En Colombia leemos en promedio 2 libros por año, en España la cifra llega a los 10, y en ¡Finlandia son 47!

Leer es el primer paso para controlar los pensamientos y crear nuevos hábitos, crear nuevos modelos mentales, tener una percepción positiva hacia el dinero y pensar en abundancia. Debemos asociarnos con las personas correctas, personas que compartan nuestra visión, personas que sean del tipo que venden pañuelos y no del tipo que lloran, personas que hayan recorrido el camino que estamos caminando, personas que nos puedan inspirar.

Para terminar, los quiero dejar con una pregunta para que midan qué tanto nivel de merecimiento tienen, qué tanta autoconfianza y cuál es tu percepción respecto del dinero. Piensa en una persona que para ti gane mucho dinero, que represente un nivel de ingresos que para ti sea impresionante, que digas: increíble lo que gana esta persona. La pregunta es, ¿cuál es el ingreso mensual que tendría una persona de estas características? ¿Cuál es la cifra que para ti se constituye en un ingreso impresionantemente grande?

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